Te lo diré una vez más: El hombre es solo una semilla y la mujer es la flor que brota de esa semilla. ¿Entiendes ahora la verdadera diferencia entre Adán y Eva?
Jambyn Bayar: Las Mujeres
La resignación es el sendero virgen que me llevará hacia ti. Esta es una de las frases que Vanesa más aborrecía. Según ella, la expresión, concebida por la controversial rapsoda Erika Lekker a principios de siglo, era un signo inequívoco de lo cursi de estos tiempos. No me excedo al afirmar que, a sus 27 años, Vanesa sabía más de lo que ignoraba. De cuerpo macizo, pero sereno, de conversación ágil y docta en los temas más diversos, Vanesa tenía la capacidad de mimetizarse por donde iba. Y yo, timorata de formación y libertina con esfuerzo, siempre la seguía.
Ahora, algunos años después, encinta por segunda vez a mis 35 años, me dejo cercar por la nostalgia y rememoro épocas y circunstancias que ya no pueden (ni deben) ser. Vanesa, te recuerdo escuchando música de Marisa Monte. Sino era eso, eran los dos libros que leías a la vez. Siempre preocupada por la perfección en todo lo que hacías, te esforzabas mucho en ser una persona agradable y espontánea. Esfuerzo que a veces les era obvio a los demás y así, cuando bajabas la guardia, te revelabas tensa, terca, perfeccionista, como el protagonista de aquel cuento que leímos juntas hace algunos años camino a La Paz.
El inicio que no acaba hasta que termina o Gritos incoloros mueren enfurecidos dentro de mí; esas eran frases que yo ensayaba con ella. Ella me miraba, se sonreía (al igual que yo ahora al recordar esto) y replicaba: Ay Ximena, pero para pura pira, eres pera poro. Otra de sus frases regulares, no sé si favoritas, era: Ojalá que la aya haya hallado la playa.
Mientras que a ella le encantaba experimentar con las palabras en prosa y en verso, yo disfrutaba notando lo singular que son muchas de las cosas que decimos sin reflexionar en ellas. Mi más sentido pésame, por ejemplo, me parecía una fórmula tan vacía en boca de casi todo el mundo. ¿Recuerdas la vez en que preguntamos a 10 personas que definiesen la palabra pésame y nadie supo hacerlo?
Una de las pocas frases que me gustaban de Vanesa era una que tenía que ver con la vana preocupación (según ella) de pensar siempre en el tiempo. Ella se burlaba de cómo dejamos de disfrutar de muchas cosas en nuestra vida por enfocarnos tanto en el tiempo.
La primera vez que me habló de esto me interesó tanto la idea que pude dejar a un lado mi obsesión con fechas y aniversarios y hasta dejé de de fechar los apuntes que hacía en una especie de diario que tenía en aquella época. No sé qué diría Vanesa si supiese que dejar de preocuparme por el tiempo es el legado más importante que me dejó.
Después de varios meses haciendo cosas juntas, y como suele suceder entre personas que se llaman a sí mismas mejores amigas, terminé ilusionándome con Vanesa. Y ella también.
Pasábamos horas charlando y a menudo las conversaciones giraban en torno a temas como el sentido de la vida, el aymará (ella lo hablaba con fluidez), la música de Marisa Monte, la poesía de Erika Lekker, las fotografías que tomaba, mis días en La Paz y el tiempo, claro. Era en estas ocasiones cuando me era más obvio que Vanesa se esforzaba en ser. Me era obvio que ella estaba conmigo, pero no era conmigo; no podía ser. Se esforzaba tanto en saber cosas y decirlas como si siempre las hubiese sabido. Yo, por mi parte, me esforzaba en ser paciente al escucharla, en enfocarme en lo que decía y no en cómo lo decía. Esto me hace recordar su opinión de Maná, una banda mejicana muy popular en aquellos días, me gusta todo de ellos, menos la voz de Fher.
En esa época me gustaba pensar que ambas coincidíamos en nuestra libertad sexual. Podíamos ser tan francas y siempre había cosas originales que hacer y decir. Ahora, después de muchas relaciones y un matrimonio, ya no estoy tan segura de aquella libertad.
Ahora que decido concluir con esto – me es evidente que no estoy lista para abordar el tema en toda su dimensión – me doy cuenta de cuán poco recuerdo de la relación con Vanesa. ¿Qué será de su vida? Hace varias lunas – una expresión que, literalmente, la indigestaba – desde la última vez que nos vimos. A falta de un mejor recuerdo, o como decía Erika Lekker, A falta de objetividad mis mujeres, pues debo decir que la última habitación que nos vio juntas fue la suya y que aquella vez, en un arranque de furia inclemente en el que quizá ella finalmente pudo ser, rompió un grupo de fotos que yo conservaba de una relación heterosexual anterior.
El tiempo, Ximena, es algo ajeno a nosotras, es algo que siempre ha de escapar a nuestro control. ¿Acaso puedes detener el tiempo? ¿Acaso puedes retroceder en él para cambiar las cosas que ya hicimos? ¡No! No se puede, nadie puede controlar el tiempo. ¿Por qué, entonces, preocuparse tanto por lo que ya fue? ¿Por qué esa obsesión en saber cuándo pasaron las cosas? Ya pasaron, ya fueron. No pierdas el tiempo pensando en lo que ya no será y sigue avanzando.
11 de septiembre del 2006

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