Círculos

Las olas se sucedían sin prisa y el sonido que producían me causaba mucho gozo. Sonriendo, me preguntó mi nombre. Tenía la expresión serena, pero sus ojos parecían océanos vivos. Se interesó en mi nombre y yo en el suyo.

Tiró una piedra algunos pasos enfrente de ambos y siguió su trayectoria con esa atención total y alegre que sólo se ve en los niños. La tiró sonriendo y me preguntó que hacía solo en la playa. Pensé muchas cosas en el breve instante que me tomó responderle. Escuchó con atención lo que le decía y me miraba directo a los ojos. No pasó mucho antes de que un grupo particular de ideas se condensara en mi mente: yo le gustaba, le parecía interesante y atractivo.

Le pregunté algo concreto, esperando un sí o un no, pero ella se explayó. Mientras se explicaba, repasé con deleite cuan bella era. Sus ojos profundos y grandes y sus cejas espesas le daban una expresión especial a su rostro. Sus movimientos de manos y brazos ayudaban a resaltar un cuerpo iridiscente, un cuerpo sutil. Muy directa ella, me preguntó si era la primera vez que me pasaba esto.

“¿Que me pasa qué?”, repliqué. “Que te sientes atraído por alguien que se acerca a ti por compañía.”Me alegré y sonreí, “se está mostrando coqueta”, pensé. Sin embargo, sus grandes ojos, con esa mirada profunda tan peculiar, no hablaban de coqueteo. Me avergoncé entonces y no supe qué decir.

“No te sientas mal”, me dijo. “Es común que sucedan cosas así, pero dime, ¿puedes ver más allá de mi rostro, más allá de un cuerpo?Nunca alguien había sido tan directo conmigo y me costó responder. Pasamos horas charlando en la playa. Sus palabras y maneras me ayudaron a rendirme y así - rendido y sin ganas de recurrir a la lógica de mis argumentos - pude entender mucho de cómo la concupiscencia y el egoísmo me pueden poner tan tenso. Me relajé tanto con esa conversación que me llegué a sentir...no sé...creo que un tanto femenino.

Pasaron más horas, muchas más, hasta que ella se tuvo que ir.

Ha pasado bastante tiempo desde aquella ocasión y hoy, de vuelta en una playa, me doy cuenta que sigo aprendiendo, y me encanta el proceso. Avanzo ahora en la arena, sin prisa me parece, hacia alguien que está frente al mar.

22 de febrero del 2008